quinta-feira, 13 de maio de 2010

Benedicto XVI a los enfermos: “Teneis un gran valor ante Dios” En el Santuario de Fátima

The statue of Our Lady of Fatima is carried in front of Pope 
Benedict XVI during a mass at the Catholic shrine of Fatima in central 
Portugal, May 13, 2010. Thousands of pilgrims made their way to the 
Fatima Shrine to attend a mass by Pope Benedict XVI to mark the 93rd 
anniversary celebrations of the first appearance of the Virgin Mary to 
three shepherd children in 1917.   Pope Benedict XVI looks at a baby as he arrives for a mass at the 
Catholic shrine of Fatima in central Portugal, May 13, 2010. Thousands 
of pilgrims made their way to the Fatima Shrine to attend a mass by Pope
 Benedict XVI to mark the 93rd anniversary celebrations of the first 
appearance of the Virgin Mary to three shepherd children in 1917.

  1. Pope Benedict XVI kisses a baby as he arrives for a mass at the 
Catholic shrine of Fatima in central Portugal, May 13, 2010. Thousands 
of pilgrims made their way to the Fatima Shrine to attend a mass by Pope
 Benedict XVI to mark the 93rd anniversary celebrations of the first 
appearance...

FÁTIMA, jueves 13 de mayo de 2010 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación las palabras que el Papa dirigió hoy a los enfermos en el Atrio del Santuario de Fátima, al terminar la celebración de la Eucaristía hoy por la mañana con los peregrinos reunidos en la explanada.
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Queridos hermanos y hermanas
Antes de acercarme hasta vosotros, llevando en las manos la custodia con Jesús Eucaristía, quisiera dirigiros unas palabras de aliento y de esperanza, que hago extensivas a todos los enfermos que nos acompañan a través de la radio y la televisión y a quienes, aun sin tener esa posibilidad, se unen a nosotros mediante los vínculos más profundos del espíritu, es decir, mediante la fe y la oración.
Hermano mío y hermana mía, tú tienes “un valor tan grande para Dios que se hizo hombre para poder com-padecer Él mismo con el hombre, de modo muy real, en carne y sangre, como nos manifiesta el relato de la Pasión de Jesús. Por eso, en cada pena humana ha entrado uno que comparte el sufrir y el padecer; de ahí se difunde en cada sufrimiento la con-solatio, el consuelo del amor participado de Dios y así aparece la estrella de la esperanza” (Enc. Spe salvi, 39). Con esta esperanza en el corazón, podrás salir de las arenas movedizas de la enfermedad y de la muerte, y permanecer de pie sobre la roca firme del amor divino. En otras palabras, podrás superar la sensación de la inutilidad del sufrimiento que consume interiormente a las personas y las hace sentirse un peso para los otros, cuando, en realidad, vivido con Jesús, el sufrimiento sirve para la salvación de los hermanos.
¿Cómo es posible esto? Las fuentes de la fuerza divina manan precisamente en medio de la debilidad humana. Es la paradoja del Evangelio. Por eso, el divino Maestro, más que detenerse en explicar las razones del sufrimiento, prefirió llamar a cada uno a seguirlo con estas palabras: “El que quiera venirse conmigo… que cargue con su cruz y me siga” (cf. Mc 8, 34). Ven conmigo. Participa con tu sufrimiento en esta obra de la salvación del mundo, que se realiza mediante mi sufrimiento, por medio de mi Cruz. A medida que abraces tu cruz, uniéndote espiritualmente a la mía, se desvelará a tus ojos el significado salvífico del sufrimiento. Encontrarás en medio del sufrimiento la paz interior e incluso la alegría espiritual.
Queridos enfermos, acoged esta llamada de Jesús que pasará junto a vosotros en el Santísimo Sacramento y confiadle todas las contrariedades y penas que afrontáis, para que se conviertan –según sus designios– en medio de redención para todo el mundo. Vosotros seréis redentores en el Redentor, como sois hijos en el Hijo. Junto a la cruz… está la Madre de Jesús, nuestra Madre.
[©Libreria Editrice Vaticana]